Provincias y CABA

 La Ciudad cobra a extranjeros y usa esos fondos para obras

El Gobierno porteño dice que financia hospitales con ese ingreso

  • 29/04/2026 • 08:58

El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires salió a defender una de sus políticas más polémicas en salud y le dio un giro político claro: aseguró que el cobro de la atención a extranjeros en hospitales públicos ya no es solo una medida administrativa, sino una fuente directa de financiamiento para obras en el sistema sanitario.


Según explicó la gestión de Jorge Macri, los recursos obtenidos por atender a pacientes extranjeros, junto con lo recuperado de obras sociales y prepagas, se reinvierten directamente en infraestructura hospitalaria. “Pasamos de pagar tours sanitarios a financiar más de 151 obras”, afirmó el mandatario al presentar el esquema. 


Los números que exhibe el Ejecutivo porteño buscan respaldar esa narrativa. Solo en el primer cuatrimestre del año, la recaudación por este sistema superó los $42.000 millones, fondos que —según el Gobierno— se destinaron a mejorar hospitales, incorporar equipamiento y ampliar la capacidad de atención. 

Un médico con bata blanca y estetoscopio escribe en un portapapeles junto a un paciente sentado con camiseta verde oscuro y jeans, en una cama de hospital.

El plan incluye proyectos concretos: desde la renovación de consultorios hasta la construcción de nuevos centros de salud y la incorporación de camas y tecnología médica. De acuerdo a datos oficiales, ya se acumulan más de 500 obras desde que se implementó este modelo, con impacto directo en la red sanitaria porteña. 


Pero el trasfondo es político. La medida forma parte de una estrategia más amplia de la Ciudad para “ordenar” el uso de los servicios públicos y priorizar a quienes residen y pagan impuestos en el distrito. En esa línea, el cobro a extranjeros se combina con otras decisiones que buscan limitar lo que el oficialismo denomina “sobredemanda” del sistema de salud. 


La discusión, sin embargo, sigue abierta. Mientras el Gobierno sostiene que se trata de una política de eficiencia y financiamiento, sectores críticos advierten que puede afectar el acceso a la salud y generar tensiones en un sistema que históricamente se caracterizó por la atención universal.


La señal es clara: la salud pública también entró en la lógica del ajuste y la administración de recursos. Y en ese cambio de modelo, el debate ya no es solo sanitario, sino profundamente político.

 

 

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